En estas líneas expongo lo que considero más destacable de este texto tras su lectura:
La metodología hasta ahora empleada en la enseñanza
debería estar abierta a un estudio, un análisis de sus características y
resultados, además de a una posible reforma dentro de este ámbito. Esto se debe
a ciertas características que, aunque siguen vigentes, no dejan de demostrar la
poca influencia de sus técnicas de enseñanza en los resultados finales de los
estudiantes. El problema se encuentra en que, el análisis de resultados y sus
reiteradas calificaciones deberían realizarse en los alumnos a largo y no a
corto plazo.
Del
mismo modo, la utilidad de los contenidos tratados en la escuela sigue siendo
tan sobrevalorada como el valor las calificaciones finales obtenidas por los
alumnos, cuando éstas no siempre son fiel reflejo del verdadero aprendizaje,
comprensión de interiorización de los conceptos por los alumnos. Tratar de
forma diaria contenidos estancados en el pasado que los alumnos no van a poder
aplicar en su día a día puede suponerles un obstáculo en su función de
interactuar con el ambiente de forma activa, ya que estos conceptos aprendidos
sólo van a tener valía en el ámbito escolar y no fuera del mismo. Además, si
cabe la posibilidad de integrar contenidos actuales en el temario de clase, éstos
normalmente se incorporan con gran lentitud y se encuentran casi al final de
los libros de texto, pues se concede prioridad a los temas pasados establecidos
en el guión de clase.
En este
ámbito, la función del docente es bien destacada, pues deben ser portadores de
motivación hacia sus alumnos, evitando hacerles caer en la rutina, ya sea por
evitar el número de suspensos, como por querer hacer ver la educación y el
proceso de aprendizaje como algo útil para el desarrollo académico y personal. De esta forma, el docente debe ser
cercano y evitar en sus clases la repetición mecánica de los conceptos y la
memorización automática de los mismos. Características como estas, de no ser
cumplidas, pueden convertir la dinámica de clase de los alumnos en una carrera contrarreloj
para la asimilación superficial de contenidos que plasmar en temibles exámenes
finales, donde lo que importa es una calificación final cerrada que incluye a
cada alumno en una categoría de clase cerrada. Y mediante errores metodológicos
como éste, no se llega a transmitir a los alumnos el verdadero valor de la
adquisición de ciertos conocimientos, los cuales, tratados y expuestos de la
manera adecuada, pueden llegar a ser útiles para hacerles comprender el mundo
que les rodea.
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