Éste es el título de un breve
pero sensato texto elaborado por Paco Espadas. A continuación dedico mis
impresiones tras la lectura del mismo.
Todos tenemos
derecho a aprender, pero es cierto que cuando el aprendizaje se impone como un
deber, un esfuerzo constante durante un tiempo establecido, y está ligado a una
calificación final que otorgará un rango a cada aprendiz dentro de una escala
de valores, la posible motivación, curiosidad o improvisación diaria del
aprendiz se ve disminuida para poder adaptarse a la norma que debe cumplir. Y
si los alumnos aprendices dejan de contribuir en clase con estas
características propias de su edad, el aprendizaje no será eficaz, pues únicamente
ponen a disposición del maestro las cualidades que les son demandadas, dejando a
un lado el posible desarrollo de su aprendizaje mediante otros mecanismos. En
esta situación, el aprendizaje del alumno pasa a ser válido o no según su calificación obtenida
al final de un curso, lo cual aumenta las posibilidades de que éste se sienta
rechazado o con un trato diferente al de sus compañeros. Además, esta
calificación no siempre es válida para medir el progreso de aprendizaje que el
alumno ha tenido en todos los aspectos más allá de los temas pertenecientes a
las asignaturas propias de la escuela, los cuales también son relevantes para
la formación del mismo.
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