A continuación expongo los componentes teóricos, actitudes y métodos que, a mi parecer, conforman y ponen en marcha la escuela inclusiva.
La educación debe estar basada en la
adquisición de conocimientos, pero también en el proceso de humanización de los
alumnos, educándolos en valores. En este contexto aparece la escuela inclusiva,
la cual impide la existencia o continuidad de barreras que obstaculizan el
aprendizaje y desarrollo de ciertos alumnos con problemas. De este modo, la
escuela inclusiva aboga por tener en cuenta las dificultades de los alumnos en
su forma de aprender y no en ellos como personas. Es por esto que cabe destacar
la diferencia encontrada entre el concepto de integración hasta ahora utilizado
y el novedoso concepto de inclusión. La integración se basa en que un alumno,
en este caso con problemas para el aprendizaje debido a deficiencias físicas,
psíquicas, etc., comparta el mismo espacio del aula con sus compañeros. En
cambio, la inclusión va más allá, pues defiende que no es suficiente con la
mera integración del alumno con problemas en el grupo y aula de clase, sino que
además éste debe realizar las mismas actividades y participar en las mismas
dinámicas de clase que sus compañeros.
Opuesto a los términos definidos
anteriormente, el concepto de educación especial tiende a desaparecer en la
actualidad, salvo en casos extremos, pues su definición sigue haciendo
referencia de forma negativa a las diferencias de cada individuo, los cuales
pasan a ser concebidos como alumnos que necesitan un espacio especial, un trato
especial, un tipo de aprendizaje especial, unos contenidos especiales, etc.,
los cuales no consiguen más que aislar a este tipo de alumnado en aulas
especiales para ellos y sus características especiales. De este modo, a este
grupo de alumnos no se le está facilitando la inclusión, ni siquiera la
integración y mucho menos la socialización en el aula con el resto de sus
compañeros. Esto muestra la ineficacia de un método educativo que, a pesar de proponer
metas positivas para el alumno en su proceso de formación académica, no
consigue dichos objetivos. Además, este tipo de educación y sus técnicas bajan
el nivel de expectativas de logro que puede alcanzar el alumno, pues no se le
permite poner en marcha habilidades y estrategias propias para alcanzar los
contenidos generales tratados en el grupo de clase.
Desde un principio, la homogeneidad
del grupo de alumnos en clase se ha visto como algo positivo, necesario y
relacionado con la integración. Pero es en la diversidad del grupo donde
empieza a darse la inclusión y los beneficios académicos y sociales que ésta
aporta al grupo de alumnos, como por ejemplo, no sólo ofrecer igualdad de
oportunidades a los alumnos, sino igualdad de desarrollo de ciertas
competencias ya descritas. Y es en esta época actual, donde la heterogeneidad
prima en las escuelas con alumnado de distintas culturas y religiones, cuando
debe ponerse en marcha este proceso de culturización y enriquecimiento humano
en valores en el sistema educativo como institución social. Pero para logar de
forma satisfactoria la implantación de la inclusión en el aula, debe llevarse a
cabo una re-profesionalización de los docentes en contenidos como el tipo y la
capacidad de aprendizaje de alumnos con ciertos hándicaps y su reflejo en el
currículum escolar.
En cuanto al desarrollo del
currículum escolar, éste debe tener en cuenta un argumento aportado por
Vygotsky, L. et al. (1995), quien afirma que es necesario dejar de asumir la
inteligencia como una característica del ser humano que le viene otorgada en
una magnitud fija, sino que se trata del desarrollo e interacción de distintos
procesos cognitivos en función del contexto estimular en el que se encuentre la
persona así como de la cantidad de oportunidades que le ofrece el mismo para el
desarrollo de estos procesos cognitivos que en suma componen la inteligencia. Por
ello, el contexto escolar de los alumnos deficientes no debe estar ausente de
estímulos o con contenidos vacíos, pues de esta forma sólo se conseguirá que se
comporten como alumnos deficientes. Ciertos métodos de educación hacia este
colectivo se han encontrado desprovistos de técnicas que pongan en marcha el
desarrollo de sus procesos superiores al no haber una riqueza de recursos en el
ambiente.
Vygotsky propone un Enfoque
Histórico Cultural para abarcar la educación, pues, como se ha citado antes, el
desarrollo en cada individuo no se produce de manera lineal y natural, sino que
depende de la cultura y la cantidad de estímulos pertenecientes al contexto en
el que se encuentre inmerso. Este tipo de aprendizaje se concibe anterior al
desarrollo. También este autor propone la unificación de las leyes del
desarrollo, definiendo que existe un desarrollo único que oscila de una persona
a otra y no distintos tipos de desarrollo para las personas que son normales y
las que no lo son. A su vez, esto va encaminado hacia una visión colectiva del
conocimiento, donde lo que prima es que los alumnos con déficit intelectual
tengan la oportunidad de educarse junto a compañeros sin déficit en un ambiente
conjunto, aprendiendo mediante la interactuación del grupo. Del mismo modo, la
influencia del grupo sobre el alumno que aprende, teniendo déficit o no, es un
hecho. Las personas en general aprendemos gracias al apoyo de los demás, más si
extrapolamos esta postura al ámbito escolar. Esto queda fijado en la Zona de
Desarrollo Próximo definida por Vygotsky, la cual representa de forma simbólica
los procesos de maduración del alumno aprendiz que se han completado mediante
la ayuda de otros, además de aquellos que están en proceso de maduración para
ser realizados de forma autónoma por el alumno. A partir de esta descripción se
puede afirmar la existencia del aprendizaje compartido mediante el uso de la
inteligencia compartida, conceptos básicos del aprendizaje cooperativo.
Tras conocer la postura de Vygotsky
es comprensible encontrar ciertos errores en el sistema educativo, en concreto
en las aulas donde se agrupa el colectivo de alumnos con déficits (disminuyendo
así sus posibilidades de socialización con el grupo) y su realización de tareas
pertenecientes a currículum adaptado que les aleja de la posibilidad de alcanzar mediante su esfuerzo
objetivos más allá de los prefijados para su tipo de déficit. En relación a
esto, pueden concebirse dos tipos de profesionales docentes; aquellos que
tienen presente la existencia de un currículum común en la escuela para todos
los alumnos, y los que defienden un currículum doble (uno normal y otro
adaptado a alumno deficiente). Estos últimos agrupan a los alumnos en aulas de
educación especial, educación compensatoria, etc. Del mismo modo, estos alumnos
encuentran reducidas sus expectativas de aprendizaje a través de las
denominadas "adaptaciones curriculares", además de ser separados del
grupo de clase, perjudicando de esta forma su nivel de interacción. Los
profesionales que abogan por este concepto de doble currículum se basan en las
teorías del déficit, las cuales destacan los déficits cognitivos, lingüísticos
o sociales de los alumnos en vez del posible desarrollo de sus capacidades. Es
comprensible que todo lo expuesto sea concebido como un proceso que estigmatiza
a los alumnos, ya que no les permite demostrar su capacidad de aprendizaje
mediante la facilitación de otros medios de aprendizaje no usados en el grupo
de clase. De esta forma,
se propone la búsqueda de una metodología basada en los materiales y el tiempo
necesarios para lograr un completo aprendizaje de los alumnos con algún tipo de
hándicap, aportando como posible solución el ofrecer un currículum que contenga
una cantidad importante de pensamiento abstracto en vez de presentarse acotado
y adaptado al hándicap de los alumnos.
Las acciones del profesorado
desempeñadas de forma tradicional en la escuela pública se basaban en la
transmisión de información y conocimientos implicados en el aprendizaje del
alumno, la evaluación del progreso y logro de los mismos y la actuación en el
rol de modelo a seguir tanto de cultura como de formación. Pero estas tareas
han cambiado con la implantación de la escuela inclusiva. En este nuevo ámbito
escolar destaca el nuevo papel que deben tomar los docentes al encontrarse
inmersos en aulas de carácter heterogéneo con alumnos de distinta cultura,
religión, idioma, hándicap, etc. De modo que a su vez deben modificar su forma
de llevar el aula y de proponer actividades nuevas más allá de la mera
exposición teórica de los contenidos, como por ejemplo seminarios, clases
prácticas, proyectos, talleres, etc. Del mismo modo, el aprendizaje en la
escuela inclusiva se obtiene mediante formas alternativas. Ya no depende de
conceptos cerrados y narraciones sobre temas descontextualizados en el aula
(área del trapecio, conjugaciones, sintaxis, etc.), sino que comienza a
potenciarse la relación de los contenidos de diferentes asignaturas además de
la puesta en práctica de los mismos mediante el trabajo en grupo, los debates,
reflexiones, etc., para que se encuentren conectados y contextualizados en el
ámbito de la escuela. De esta forma se alcanza el beneficioso aprendizaje
cooperativo donde los alumnos, en vez de permanecer en silencio mientras el
docente tiene la palabra, hablan, interactúan y reflexionan mientras el docente
observa y orienta.