domingo, 25 de noviembre de 2012

LA ESCUELA INCLUSIVA: CONSTRUYENDO COMUNIDADES DE CONVIVENCIA Y APRENDIZAJE (Miguel López Melero)



A continuación expongo los componentes teóricos, actitudes y métodos que, a mi parecer, conforman y ponen en marcha la escuela inclusiva.         

La educación debe estar basada en la adquisición de conocimientos, pero también en el proceso de humanización de los alumnos, educándolos en valores. En este contexto aparece la escuela inclusiva, la cual impide la existencia o continuidad de barreras que obstaculizan el aprendizaje y desarrollo de ciertos alumnos con problemas. De este modo, la escuela inclusiva aboga por tener en cuenta las dificultades de los alumnos en su forma de aprender y no en ellos como personas. Es por esto que cabe destacar la diferencia encontrada entre el concepto de integración hasta ahora utilizado y el novedoso concepto de inclusión. La integración se basa en que un alumno, en este caso con problemas para el aprendizaje debido a deficiencias físicas, psíquicas, etc., comparta el mismo espacio del aula con sus compañeros. En cambio, la inclusión va más allá, pues defiende que no es suficiente con la mera integración del alumno con problemas en el grupo y aula de clase, sino que además éste debe realizar las mismas actividades y participar en las mismas dinámicas de clase que sus compañeros.

Opuesto a los términos definidos anteriormente, el concepto de educación especial tiende a desaparecer en la actualidad, salvo en casos extremos, pues su definición sigue haciendo referencia de forma negativa a las diferencias de cada individuo, los cuales pasan a ser concebidos como alumnos que necesitan un espacio especial, un trato especial, un tipo de aprendizaje especial, unos contenidos especiales, etc., los cuales no consiguen más que aislar a este tipo de alumnado en aulas especiales para ellos y sus características especiales. De este modo, a este grupo de alumnos no se le está facilitando la inclusión, ni siquiera la integración y mucho menos la socialización en el aula con el resto de sus compañeros. Esto muestra la ineficacia de un método educativo que, a pesar de proponer metas positivas para el alumno en su proceso de formación académica, no consigue dichos objetivos. Además, este tipo de educación y sus técnicas bajan el nivel de expectativas de logro que puede alcanzar el alumno, pues no se le permite poner en marcha habilidades y estrategias propias para alcanzar los contenidos generales tratados en el grupo de clase. 

Desde un principio, la homogeneidad del grupo de alumnos en clase se ha visto como algo positivo, necesario y relacionado con la integración. Pero es en la diversidad del grupo donde empieza a darse la inclusión y los beneficios académicos y sociales que ésta aporta al grupo de alumnos, como por ejemplo, no sólo ofrecer igualdad de oportunidades a los alumnos, sino igualdad de desarrollo de ciertas competencias ya descritas. Y es en esta época actual, donde la heterogeneidad prima en las escuelas con alumnado de distintas culturas y religiones, cuando debe ponerse en marcha este proceso de culturización y enriquecimiento humano en valores en el sistema educativo como institución social. Pero para logar de forma satisfactoria la implantación de la inclusión en el aula, debe llevarse a cabo una re-profesionalización de los docentes en contenidos como el tipo y la capacidad de aprendizaje de alumnos con ciertos hándicaps y su reflejo en el currículum escolar. 

En cuanto al desarrollo del currículum escolar, éste debe tener en cuenta un argumento aportado por Vygotsky, L. et al. (1995), quien afirma que es necesario dejar de asumir la inteligencia como una característica del ser humano que le viene otorgada en una magnitud fija, sino que se trata del desarrollo e interacción de distintos procesos cognitivos en función del contexto estimular en el que se encuentre la persona así como de la cantidad de oportunidades que le ofrece el mismo para el desarrollo de estos procesos cognitivos que en suma componen la inteligencia. Por ello, el contexto escolar de los alumnos deficientes no debe estar ausente de estímulos o con contenidos vacíos, pues de esta forma sólo se conseguirá que se comporten como alumnos deficientes. Ciertos métodos de educación hacia este colectivo se han encontrado desprovistos de técnicas que pongan en marcha el desarrollo de sus procesos superiores al no haber una riqueza de recursos en el ambiente. 

Vygotsky propone un Enfoque Histórico Cultural para abarcar la educación, pues, como se ha citado antes, el desarrollo en cada individuo no se produce de manera lineal y natural, sino que depende de la cultura y la cantidad de estímulos pertenecientes al contexto en el que se encuentre inmerso. Este tipo de aprendizaje se concibe anterior al desarrollo. También este autor propone la unificación de las leyes del desarrollo, definiendo que existe un desarrollo único que oscila de una persona a otra y no distintos tipos de desarrollo para las personas que son normales y las que no lo son. A su vez, esto va encaminado hacia una visión colectiva del conocimiento, donde lo que prima es que los alumnos con déficit intelectual tengan la oportunidad de educarse junto a compañeros sin déficit en un ambiente conjunto, aprendiendo mediante la interactuación del grupo. Del mismo modo, la influencia del grupo sobre el alumno que aprende, teniendo déficit o no, es un hecho. Las personas en general aprendemos gracias al apoyo de los demás, más si extrapolamos esta postura al ámbito escolar. Esto queda fijado en la Zona de Desarrollo Próximo definida por Vygotsky, la cual representa de forma simbólica los procesos de maduración del alumno aprendiz que se han completado mediante la ayuda de otros, además de aquellos que están en proceso de maduración para ser realizados de forma autónoma por el alumno. A partir de esta descripción se puede afirmar la existencia del aprendizaje compartido mediante el uso de la inteligencia compartida, conceptos básicos del aprendizaje cooperativo.

Tras conocer la postura de Vygotsky es comprensible encontrar ciertos errores en el sistema educativo, en concreto en las aulas donde se agrupa el colectivo de alumnos con déficits (disminuyendo así sus posibilidades de socialización con el grupo) y su realización de tareas pertenecientes a currículum adaptado que les aleja de la  posibilidad de alcanzar mediante su esfuerzo objetivos más allá de los prefijados para su tipo de déficit. En relación a esto, pueden concebirse dos tipos de profesionales docentes; aquellos que tienen presente la existencia de un currículum común en la escuela para todos los alumnos, y los que defienden un currículum doble (uno normal y otro adaptado a alumno deficiente). Estos últimos agrupan a los alumnos en aulas de educación especial, educación compensatoria, etc. Del mismo modo, estos alumnos encuentran reducidas sus expectativas de aprendizaje a través de las denominadas "adaptaciones curriculares", además de ser separados del grupo de clase, perjudicando de esta forma su nivel de interacción. Los profesionales que abogan por este concepto de doble currículum se basan en las teorías del déficit, las cuales destacan los déficits cognitivos, lingüísticos o sociales de los alumnos en vez del posible desarrollo de sus capacidades. Es comprensible que todo lo expuesto sea concebido como un proceso que estigmatiza a los alumnos, ya que no les permite demostrar su capacidad de aprendizaje mediante la facilitación de otros medios de aprendizaje no usados en el grupo de clase. De esta forma, se propone la búsqueda de una metodología basada en los materiales y el tiempo necesarios para lograr un completo aprendizaje de los alumnos con algún tipo de hándicap, aportando como posible solución el ofrecer un currículum que contenga una cantidad importante de pensamiento abstracto en vez de presentarse acotado y adaptado al hándicap de los alumnos.

Las acciones del profesorado desempeñadas de forma tradicional en la escuela pública se basaban en la transmisión de información y conocimientos implicados en el aprendizaje del alumno, la evaluación del progreso y logro de los mismos y la actuación en el rol de modelo a seguir tanto de cultura como de formación. Pero estas tareas han cambiado con la implantación de la escuela inclusiva. En este nuevo ámbito escolar destaca el nuevo papel que deben tomar los docentes al encontrarse inmersos en aulas de carácter heterogéneo con alumnos de distinta cultura, religión, idioma, hándicap, etc. De modo que a su vez deben modificar su forma de llevar el aula y de proponer actividades nuevas más allá de la mera exposición teórica de los contenidos, como por ejemplo seminarios, clases prácticas, proyectos, talleres, etc. Del mismo modo, el aprendizaje en la escuela inclusiva se obtiene mediante formas alternativas. Ya no depende de conceptos cerrados y narraciones sobre temas descontextualizados en el aula (área del trapecio, conjugaciones, sintaxis, etc.), sino que comienza a potenciarse la relación de los contenidos de diferentes asignaturas además de la puesta en práctica de los mismos mediante el trabajo en grupo, los debates, reflexiones, etc., para que se encuentren conectados y contextualizados en el ámbito de la escuela. De esta forma se alcanza el beneficioso aprendizaje cooperativo donde los alumnos, en vez de permanecer en silencio mientras el docente tiene la palabra, hablan, interactúan y reflexionan mientras el docente observa y orienta.

sábado, 24 de noviembre de 2012

CONTRERAS, J. ¿QUÉ ES Y CÓMO SE REALIZA LA INVESTIGACIÓN-ACCIÓN?

Tras la lectura de dos textos de este autor que abarcan el concepto de la I-A, expongo una descripción de la misma además de su finalidad y procesos de puesta en marcha.


La investigación en la acción (I-A en adelante) es un proceso de análisis, cuestionamientos y estudios sobre la calidad de una situación socioeducativa actual, como es el sistema educativo como institución, con el fin de buscar una mejora de su calidad. Esto debe realizarse mediante la colaboración y participación activa del personal relacionado, de forma interna o externa, con la propia actividad docente de los centros, pues desde dentro es como mejor se tratan y cuestionan las posibles modificaciones de la metodología de enseñanza. 

Del mismo modo, es imprescindible analizar la influencia negativa que puede aportar la rutina y habilidades aprendidas y mecanizadas, incluidas dentro de unas directrices externas ya prefijadas y previas al curso, vistas como un obstáculo para la flexibilidad y remodelación de los métodos a usar por los propios docentes. Hay que aceptar la posibilidad de que, lo que socialmente llegó a aceptarse como pautas para una educación satisfactoria, actualmente deban verse sometidas a debate tras un análisis exhaustivo de sus verdaderos resultados en el colectivo del alumnado. 

Este trabajo de reconsideración de rutinas y flexibilidad mental hacia nuevos métodos de enseñanza y cooperación socioeducativa se consigue fomentando el espíritu crítico de colectivos sociales y educativos, además de su constante participación ligada a la escuela, ya que, una posible reforma de contenidos y pautas de acción en este ámbito educativo, tendrá su segura influencia ligada al ámbito social.

La I-A no debe ser concebida como un conjunto de materiales, técnicas y recursos para resolver ciertos problemas prácticos. Se trata de un proceso de análisis respecto a la naturaleza del problema a tratar dentro del ámbito de la enseñanza para modificar ciertos aspectos del mismo o reformularlo de forma completa para fijar o alcanzar de forma satisfactorias los objetivos pertinentes. 

Como se ha explicado antes, la I-A no somete a las personas inmersas en la problemática a transformaciones de tipo experimental dentro de la puesta en marcha de la nueva práctica, sino que defiende la participación de estos grupos de personas a lo largo de todo el análisis de la problemática para conseguir un mayor interés, implicación y preocupación por el proceso de modificación y los resultados del cambio de práctica. Es por esto que la I-A tampoco debe ser concebida como una mera metodología, pues mediante la implicación de las personas afectadas, ésta se presenta un carácter sensible y transformador hacia el contexto, a las diferentes interpretaciones y reacciones de las personas relacionadas con el problema, así como hacia las consecuencias sociales derivadas del mismo antes y después del cambio.

Respecto al modo de proceder de la I-A, cabe destacar que ésta es un proceso continuo de "acción-observación-reflexión-nueva acción". De este modo, las pautas a seguir para llevar a cabo un proyecto de I-A son:

- Partir de un problema práctico, una situación que plantea inestabilidad entre lo que pretendemos conseguir y el producto obtenido, partiendo de una situación relacionada con el campo de la acción y que se pretende cambiar o mejorar. En muchas ocasiones, los problemas prácticos fijados en un principio no son más que reflejo de otro problema más profundo en el que hay que trabajar. También puede darse la situación de tener que lidiar con varios problemas previos al problema que se fija como principal. Es por esto que, antes de proponer un problema práctico, es necesario un análisis exhaustivo de la situación actual y su práctica.

 - Profundizar en el problema: por qué la situación actual supone un problema, cuáles son sus características, etc., mediante la descripción del contexto en que se produce el problema práctico y sus consecuencias. Cabe destacar la importancia de que, porque se viva la situación a analizar como un problema, no se debe suponer que se conozca a fondo. Para ello, es necesaria una exploración de la realidad percibida así como una recogida de datos acerca de la situación y todos sus matices. Además, es necesario dar cabida a posibles contradicciones, dilemas y dificultades a lo largo del proceso de I-A que requerirán diferentes planes de actuación.

- Llevar a cabo un análisis de los datos obtenidos para efectuar una correcta interpretación del problema presente en contraste con lo que se desea obtener. Se considera necesario recoger información basada en los diferentes puntos de vista de las personas implicadas, información sobre las acciones realizadas y su modo de desarrollarse e información introspectiva acerca de la forma de vivir y entender la situación problemática a abordar. De este modo, no deben faltar técnicas de recogida de información tales como la entrevista, la observación y la reflexión introspectiva, contando con la colaboración de personas externas que puedan aportar una visión diferente del problema para aumentar la riqueza y contraste de evidencias y realidades.

- A continuación, decidir la práctica alternativa que se va a llevar a cabo en sustitución de la actual. Es importante recordar que la comprensión de una situación no siempre conlleva una forma óptima de mejorar la acción, es decir, las nuevas posibilidades de acción no sólo dependen de la comprensión del problema actual, sino de las ideas alternativas elaboradas desde la reflexión y el análisis crítico de la situación por parte de las personas implicadas, teniendo también en cuenta el presupuesto base para la modificación del plan de acción de la misma.

Esta última pauta no puede comenzar su enunciado con un "finalmente", ya que la I-A se define por no poner fin a su análisis constante de las situaciones y problemas prácticos en el ámbito educativo, así como de la búsqueda de soluciones que luego volverán a ser investigadas en profundidad para obtener información de las circunstancias que introdujeron nuevos problemas a modificar durante un nuevo ciclo de I-A. Es por esto que, sólo el análisis de nuevos datos recogidos tras el ciclo de I-A descrito a lo largo de este texto nos puede facilitar información y pruebas de sus consecuencias mediante las acciones prácticas puestas en marcha, así como de su posible futura modificación en busca de nuevos objetivos a alcanzar o problemas surgidos a eliminar.

jueves, 15 de noviembre de 2012

CULTURA, CULTURA ESCOLAR Y CONTENIDOS DE LA ENSEÑANZA Esteve, J. M. et al. (2000)



En estas líneas expongo lo que considero más destacable de este texto tras su lectura:

La metodología hasta ahora empleada en la enseñanza debería estar abierta a un estudio, un análisis de sus características y resultados, además de a una posible reforma dentro de este ámbito. Esto se debe a ciertas características que, aunque siguen vigentes, no dejan de demostrar la poca influencia de sus técnicas de enseñanza en los resultados finales de los estudiantes. El problema se encuentra en que, el análisis de resultados y sus reiteradas calificaciones deberían realizarse en los alumnos a largo y no a corto plazo. 

Del mismo modo, la utilidad de los contenidos tratados en la escuela sigue siendo tan sobrevalorada como el valor las calificaciones finales obtenidas por los alumnos, cuando éstas no siempre son fiel reflejo del verdadero aprendizaje, comprensión de interiorización de los conceptos por los alumnos. Tratar de forma diaria contenidos estancados en el pasado que los alumnos no van a poder aplicar en su día a día puede suponerles un obstáculo en su función de interactuar con el ambiente de forma activa, ya que estos conceptos aprendidos sólo van a tener valía en el ámbito escolar y no fuera del mismo. Además, si cabe la posibilidad de integrar contenidos actuales en el temario de clase, éstos normalmente se incorporan con gran lentitud y se encuentran casi al final de los libros de texto, pues se concede prioridad a los temas pasados establecidos en el guión de clase.
              
En este ámbito, la función del docente es bien destacada, pues deben ser portadores de motivación hacia sus alumnos, evitando hacerles caer en la rutina, ya sea por evitar el número de suspensos, como por querer hacer ver la educación y el proceso de aprendizaje como algo útil para el desarrollo académico y personal. De esta forma, el docente debe ser cercano y evitar en sus clases la repetición mecánica de los conceptos y la memorización automática de los mismos. Características como estas, de no ser cumplidas, pueden convertir la dinámica de clase de los alumnos en una carrera contrarreloj para la asimilación superficial de contenidos que plasmar en temibles exámenes finales, donde lo que importa es una calificación final cerrada que incluye a cada alumno en una categoría de clase cerrada. Y mediante errores metodológicos como éste, no se llega a transmitir a los alumnos el verdadero valor de la adquisición de ciertos conocimientos, los cuales, tratados y expuestos de la manera adecuada, pueden llegar a ser útiles para hacerles comprender el mundo que les rodea.

ALGO QUE APRENDER


Éste es el título de un breve pero sensato texto elaborado por Paco Espadas. A continuación dedico mis impresiones tras la lectura del mismo. 

Todos tenemos derecho a aprender, pero es cierto que cuando el aprendizaje se impone como un deber, un esfuerzo constante durante un tiempo establecido, y está ligado a una calificación final que otorgará un rango a cada aprendiz dentro de una escala de valores, la posible motivación, curiosidad o improvisación diaria del aprendiz se ve disminuida para poder adaptarse a la norma que debe cumplir. Y si los alumnos aprendices dejan de contribuir en clase con estas características propias de su edad, el aprendizaje no será eficaz, pues únicamente ponen a disposición del maestro las cualidades que les son demandadas, dejando a un lado el posible desarrollo de su aprendizaje mediante otros mecanismos. En esta situación, el aprendizaje del alumno pasa a ser válido o no según su calificación obtenida al final de un curso, lo cual aumenta las posibilidades de que éste se sienta rechazado o con un trato diferente al de sus compañeros. Además, esta calificación no siempre es válida para medir el progreso de aprendizaje que el alumno ha tenido en todos los aspectos más allá de los temas pertenecientes a las asignaturas propias de la escuela, los cuales también son relevantes para la formación del mismo.